sábado, 19 de marzo de 2011

JESUCRISTO SIEMPRE...


"Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo
les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo".


Nadie puede dudar seriamente de que la misión que Cristo tenía entre manos fue netamente trascendental. En pocas palabras fue el comunicar al hombre la “vida eterna” o el Cielo. Él dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante.” Toda la vida de Jesús da la impresión de estar programada. Parece estar siguiendo un mapa de ruta. Tenía una conciencia clara de que tenía que predicar el Reino.

Los cristianos creemos en la resurrección de los muertos, es decir, que al final de los tiempos, en el juicio final, todos nosotros resucitaremos con nuestro propio cuerpo. Se unirá este cuerpo con nuestra alma para no morir nunca jamás. Jesucristo resucitó y venció a la muerte y nosotros resucitaremos con Él.

En el Credo decimos que creemos en "la vida eterna", es decir, que después de la vida presente hay otra vida que no tiene fin. No se terminará nunca. San Josemaría Escrivá decía que "lo que hemos de pretender es ir al cielo. Si no, nada vale la pena."

PROPÓSITO DE VIDA

Hoy rezaré el Credo

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